El Fuego y el Agua, han esculpido rocas y montañas en estas hermosas islas del Pacífico Norte, además de playas de arena fina negra que se tornan blancas cuando sus olas rompen sobre algunos de sus arrecifes de coral.

Cuando los primeros viajeros polinesios atravesaron el océano Pacífico en sus canoas dobles, hace de esto más de 3000 años, descubrieron algunas de las islas más hermosas del mundo, coronadas de verdes montañas volcánicas, circundadas de arrecifes de coral y repletas de cocoteros. Desde ese momento se creó una leyenda única acerca del archipiélago de Háwai, formado por más de un centenar de islas,  a cerca de las historias de bellas mujeres que vivían en paisajes tropicales rodeados de encanto y misterio.

Se cree que los primeros moradores que se establecieron en estas islas fueron gentes que procedían de las islas Marquesas. Una segunda emigración, vino de Tahití, entre el 1200 y 1400 d. C., quienes sentaron las bases políticas y sociales de estos territorios. La cultura estaba basada en el esfuerzo físico y el uso eficiente y sustentable de los recursos naturales. La educación, sin embargo, constituía el puntal de la supervivencia ya que los jóvenes se especializaban en oficios según sus actitudes. Un buen ejemplo de esta cultura milenaria la encontramos en los heiau, templos divinos de forma piramidal construidos con maderas y hojas, que han sido conservados y restaurados por los actuales hawaianos nativos.

Islas como Maui, Oahu, Háwai, Molokai, Kauai, etc., son algunos de esos lugares a los que se refiere esa leyenda, así como también algunos de los paraísos con el rostro poco difundido de este archipiélago.

Maui, o la “Isla del Valle”, como también se la conoce en estas latitudes, en una de las más grandes, bonitas y famosas del grupo, y se encuentra a tan sólo 15 minutos de la ciudad de Honolulu, la capital de Oahu, la isla donde tuvo lugar el bombardeo de Pearl Harbor por los japoneses.

Los habitantes de Maui, afirman que “Maui no ka oi”, osea, que “Maui es lo mejor”. Y, no dicen nada del otro mundo, ya que cuando se llega a este lugar por primera vez se experimenta una sensación única, algo que seguramente nunca habremos sentido con anterioridad. La vista de esta isla desde el avión, antes de tomar tierra en su aeropuerto internacional, es impresionante. La costa del sur y oeste de esta isla se encuentran rodeadas de interminables playas con una arena tan blanca y fina, que el agua que las baña es de un color azul verdoso como nunca se ha visto jamás. Pero, sobre todo, lo que más nos impresiona es cuando sobrevolamos en helicóptero la cima del volcán  Haleakala, de 3.055 metros de altitud. Haleakala significa en hawaiano “Casa del Sol”, y es el más importante de esta isla, así como uno de los más famosos del mundo,

A mediados del siglo XIX, Maui fue el centro de la industria ballenera en el Pacífico, con multitud de barcos preparados para la caza de estos grande mamíferos llamadas ballenas. Se encontraban atracados a lo largo de los muelles de la pequeña ciudad de Lahaina, situada al noroeste de la isla. Hoy día, todavía es posible ver a algunos parientes de aquellos animales que un día atrajeron esa próspera industria, ya que entre los meses de diciembre y abril llegan hasta aquí cientos de ballenas de todas las clases, sobre todo las espermas y grandes cachalotes, para criar en estas aguas. Verlas moverse alrededor del cráter Malokini, frente a la costa oeste de Maui, es todo un espectáculo. Sin embargo, bucear junto a ellas, en alguna de las inmersiones que se realizan para los más expertos, es algo que no se puede explicar con palabras.  

La isla de Maui cuenta con un gran valle que domina un paisaje único. Se halla  enmarcado por dos altas montañas, Haleakala, a la que acuden miles de visitantes para pasear y admirar su cráter principal, y que fue lugar sagrado durante mucho tiempo de los nativos de esta isla, y otra menos importante donde se encuentra el famoso observatorio de Science City. Aquí, en estas montañas nadie duda del poder de Pelé, la diosa hawaiana del fuego, de los volcanes y de toda esta isla. Nadie pone en duda en Háwai que la Naturaleza, con mayúscula, es un ser vivo y que hay que cuidar.  

Al norte de Maui está Paia, un lugar que pasó de ser una pequeña aldea que sobrevivía gracias a la caña de azúcar, a la capital mundial del surf, gracias a las olas de más de 10 metros que se pueden encontrar en Hookipa Beach, una de las playas más famosas del mundo para la práctica de este deporte.  Aquí, junto a este lugar, y entre flores silvestres donde crecen las ananás, se asoman unas fantásticas viñas que producen un vino muy característico, probablemente traídas, tiempo atrás, por algún europeo. Si se sigue el recorrido por Maui, y más concretamente por el sur de la isla, se localizarán las piscinas naturales de Ohea Gulch, formadas por terrazas de lava que se van escalonando hasta llegar al mar. Son verdaderas obras de arte de la propia naturaleza.

Lahaina es una hermosa ciudad que se encuentra al noroeste de Maui, y que fue la capital de todo este archipiélago hasta el año 1845. Esto ocurría en un tiempo cuando todo esto fue un reino, y no lo que es hoy en día: el Estado americano de Háwai. En Lahaina todo se conserva como hace un siglo gracias a una notable restauración que ha devuelto a la ciudad a lo que fue: un bonito museo natural, con edificios en donde vivían los cazadores de ballenas. También se dedica a recuperar los elementos pintorescos de otras épocas, mientras atrae a un número creciente de turistas hacia sus excelentes hoteles, restaurantes, galerías de arte y vistosas tiendas repletas de lujosos souvenirs. En medio de un escenario estremecedor de profundas gargantas, rocas caprichosamente dibujadas por el viento y restos de lava rocosa se levantan las construcciones de madera, pintadas de vivos colores, de Font Street, la calle principal de Lahaina.  

También la vecina isla de Kauai merece la pena, ya que es la de mayor superficie de todo este archipiélago, a pesar de haber sido la última en ser descubierta por el capitán Cook, quien arribó a sus playas en 1778. Cien años más tarde, el sistema político nativo hawaiano había cambiado drásticamente. La visita y las expediciones al volcán Kalauea empezaron al mando del comandante Wilkes en 1840, momento en que fueron construidos algunos asentamientos rudimentarios. En esta isla, uno de sus atractivos principales está en la costa de Kona, en el extremo sur, ya que es aquí por donde se accede al Parque Nacional de los Volcanes. Se trata de un lugar único donde están dos de los volcanes activos más famosos del mundo. Uno de ellos es la Montaña Blanca, y está a una altura de 4.168 metros, mientras que el otro, el de Kilauea, mide casi 1.200 metros y permanece casi a diario en erupción. Estas erupciones periódicas atraen a miles de curiosos ávidos de contemplar un espectáculo fascinante. En el interior de la inmensa caldera del volcán Kilauea, donde según la leyenda tenía su hogar la diosa Pelé, hierve el agua y el vapor que emana forma pequeños géiseres como si de una tubería de agua caliente se tratara. Es por esto que todo este impresionante parque está impregnado de un particular olor a azufre, aunque ello no evite que se pueda caminar por los senderos de lava sólida que existen junto al volcán.

Kalapana, se encuentra en la costa suroccidental de esta isla, y muy cerca se halla Waha´ula Heiau, el templo de la Boca Roja, reconstruido parcialmente después de la última erupción volcánica. Más al oeste, entre el bosque crecido sobre la lava, se extiende un vasto territorio sembrado de petroglifos, que es conocido con el nombre de Pu´u Loa, que quiere decir gran colina. Al otro extremo de la isla existe otro mundo fascinante, compuesto por cascadas de agua, fuentes que se ocultan en el bosque y más tarde reaparecen misteriosamente para caer en el mar en forma de saltos espectaculares dominando el paisaje de Waipio Waller, el valle más grande de la isla de Háwai. Y, entre Oahu y Maui está la isla de Molokai, donde todavía no ha llegado el turismo masificado, o al menos no como en las otras islas, por lo que es un lugar idóneo para el descanso y la meditación.  

En resumen, hay que decir que la belleza del archipiélago de las Háwai es extraordinariamente variada: palmeras y pequeños bosques, montañas con cráteres de volcanes, árboles con frutas tropicales (mangos, papayas, piñas…), flores lujuriosas, playas paradisíacas, barreras de coral, fondos marinos únicos, dunas de arena fina, ballenas, animales salvajes y pájaros exóticos, son algunas de las maravillas frecuentasen este pequeño paraíso.

La ubicación de este archipiélago, a 20º Este, al sur del Trópico de Cáncer y al norte del océano Pacífico, hace de este paraíso un lugar idóneo para pasar unas agradables vacaciones, así como también para poder navegar por todas sus islas. El clima cálido y seductor, suavizado por la brisa del verano en esta parte del océano es un imán para los visitantes que llegan hasta aquí para bañarse en sus playas de aguas cristalinas, o instalarse en alguno de sus elegantes centros vacacionales. Ofrece unas temperaturas que casi nunca bajan de los 18º,  y tampoco suben a más de 28º, durante todo el año. Las lluvias varían de acuerdo al lugar en el que nos encontremos, aunque  puede que caigan chaparrones tropicales que duran unos pocos minutos.  

En la mayoría de los hoteles, restaurantes y tiendas, se aceptan las tarjetas de crédito, siendo el horario habitual de estos establecimientos de 10:00 horas, hasta las 20:30 horas, mientras que los restaurantes permanecen abiertos hasta las 24:30 horas.

Para entrar en las Islas Háwai (recordemos que pertenecen a los Estado Unidos) tan sólo se necesita el pasaporte en vigor, con una validez mínima de seis meses, y un visado que se puede conseguir por internet.

 

Texto y Fotos: Rafael Calvete Álvarez de Estrada